Puerto Iguazú: una marca mundial con servicios que no están a la altura

 Puerto Iguazú: una marca mundial con servicios que no están a la altura

Columna de opinión – Mario Antonowicz

 

Puerto Iguazú es uno de los destinos turísticos más importantes de la Argentina. Una marca reconocida mundialmente, asociada a las Cataratas del Iguazú, una de las siete maravillas naturales del planeta. Durante el último año recibió más de un millón y medio de turistas, consolidándose como uno de los principales motores económicos de Misiones, con inversiones privadas y miles de puestos de trabajo vinculados directa e indirectamente al turismo.

 

Sin embargo, esta ciudad de proyección internacional debió soportar un corte de energía eléctrica que se prolongó durante más de 14 horas, dejando en evidencia la vulnerabilidad de un servicio esencial para su funcionamiento.

 

La empresa prestataria, Energía de Misiones, atribuyó la interrupción a las tormentas registradas en Wanda y Puerto Esperanza, que afectaron las líneas de alta tensión que abastecen a Puerto Iguazú. Paradójicamente, en nuestra ciudad no se registraron fenómenos meteorológicos de consideración, sino precipitaciones normales.

 

¿Cómo puede ser que un destino turístico de semejante importancia permanezca tantas horas sin electricidad por una tormenta ocurrida a varios kilómetros de distancia?

 

A esta situación se suma otro aspecto preocupante: las elevadas tarifas eléctricas que afrontan vecinos, comerciantes y empresarios, cuyos costos no se corresponden con la calidad y continuidad del servicio que reciben.

 

Durante décadas, el sector privado realizó importantes inversiones en infraestructura hotelera, gastronomía y servicios turísticos. La provincia, por su parte, destinó recursos a obras y promoción del destino. Pero cabe preguntarse si estos esfuerzos resultan suficientes cuando los servicios públicos esenciales no acompañan el crecimiento de la ciudad.

 

Puerto Iguazú genera actividad económica, empleo e importantes recursos para Misiones. Por eso, resulta legítimo preguntarse si recibe, en materia de infraestructura y servicios públicos, la prioridad que merece por su importancia estratégica.

 

No se trata de reclamar privilegios, sino de exigir planificación, inversiones y un sistema eléctrico confiable, acorde con la relevancia económica y turística de Puerto Iguazú.

 

Los cortes prolongados no solamente perjudican a los vecinos y comerciantes. También generan pérdidas económicas, afectan la actividad hotelera y gastronómica y comprometen la imagen internacional de un destino que compite con los principales centros turísticos del mundo.

 

Las tormentas pueden provocar inconvenientes técnicos, pero no debería naturalizarse que una ciudad de reconocimiento mundial permanezca tantas horas sin un servicio esencial.

 

No podemos exigir inversiones privadas y prestaciones turísticas de calidad internacional mientras la infraestructura pública no acompaña ese esfuerzo.

 

Puerto Iguazú posee un patrimonio natural extraordinario, una marca turística consolidada internacionalmente, empresarios que continúan invirtiendo y trabajadores que sostienen diariamente su crecimiento. Sin embargo, todo ese potencial queda condicionado cuando los servicios básicos no están a la altura.

 

Porque mientras no resolvamos estas deficiencias estructurales, seguiremos vendiendo Iguazú como un diamante envuelto en papel de diario.

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