Las veredas también hablan de una gestión

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Una publicación compartida por RADIO YGUAZÚ (@radioyguazu)

A veces creo que nuestro jefe comunal salió de un repollo. Porque seguramente tuvo una madre que se esforzó, como tantas madres de familias humildes, para que su hijo pudiera estudiar, progresar y convertirse en un profesional. Y justamente por eso cuesta entender la falta de sensibilidad frente a algo tan elemental como la posibilidad de que una persona mayor, una madre, una abuela o alguien con discapacidad pueda desplazarse dignamente por Puerto Iguazú. Yo quisiera que por un momento el intendente Claudio Filippa imaginara a su propia madre intentando recorrer nuestras veredas en una silla de ruedas. Que intentara avanzar por sectores donde hay baldosas rotas, desniveles, pozos, obstáculos o directamente lugares donde la vereda prácticamente desapareció. Quien utiliza una silla de ruedas muchas veces necesita que un familiar o algún buen samaritano lo ayude a superar obstáculos que una ciudad mínimamente ordenada no debería imponerle. Y acá está lo más incomprensible: muchas de esas veredas ya fueron construidas con recursos del Gobierno de la Provincia de Misiones. No estamos hablando de hacer una obra faraónica ni de comenzar todo desde cero. En numerosos sectores estamos hablando simplemente de mantener, reparar, limpiar y garantizar la accesibilidad. Pero ni siquiera eso hacemos. Tenemos calles deterioradas y también veredas abandonadas. Y cuando una ciudad llega a ese nivel, el problema deja de ser solamente estético: se convierte en una cuestión de dignidad y de inclusión. Porque gobernar una ciudad no significa solamente organizar eventos, cortar cintas o anunciar grandes proyectos. También significa mirar hacia abajo y observar por dónde camina la gente. Puerto Iguazú recibe turistas de todo el mundo y pretende mostrarse como una ciudad internacional. Pero antes de mirar tanto hacia afuera, quizás deberíamos mirar nuestras propias veredas. Porque una ciudad verdaderamente turística no se mide solamente por la cantidad de visitantes que recibe. También se mide por cómo trata a sus vecinos, especialmente a aquellos que más dificultades tienen para desplazarse.

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