LA POLÍTICA DEL EGO: MUCHO ENFRENTAMIENTO Y POCAS PROPUESTAS
Ver esta publicación en Instagram
Columna de opinión | Mario Antonowicz
Vivimos tiempos de campaña política y, lamentablemente, es cuando más afloran las miserias humanas. En Puerto Iguazú, los candidatos parecen más preocupados por destruir al adversario y alimentar su propio ego que por presentar proyectos capaces de mejorar la vida de los vecinos.
La política argentina se ha convertido en un Boca-River permanente. El que piensa distinto ya no es un adversario: es un enemigo. Y resulta muy difícil construir una ciudad, una provincia o un país cuando el enfrentamiento reemplaza al diálogo y la intolerancia ocupa el lugar de las ideas.
Pareciera que ya no se gobierna pensando en el bienestar general, sino calculando cuántos votos puede aportar cada decisión.
Pongamos un ejemplo sencillo: si en una familia el padre dice una cosa y la madre hace exactamente lo contrario, ¿qué mensaje reciben los hijos? ¿Cómo se construye un proyecto común?
Traslademos esto a Puerto Iguazú. ¿Cuándo vimos al intendente sentado con todos los concejales, oficialistas y opositores, discutiendo seriamente los problemas estructurales de nuestra ciudad?
Sin embargo, encontramos tiempo para inaugurar un monumento a la Biblia. Y está bien que se haga. Pero sería mucho mejor que quienes gobiernan también practicaran sus enseñanzas: respeto, humildad, diálogo y solidaridad.
Porque no alcanza con predicar valores. Hay que demostrarlos con hechos.
Y esta reflexión no apunta solamente al intendente. También alcanza a los concejales, a la oposición y a todos aquellos que ejercen alguna cuota de poder.
Puerto Iguazú no necesita más candidatos enfrentados. Necesita dirigentes capaces de sentarse a una misma mesa, dejar sus egos de lado y construir soluciones.
Porque, al final, la política no debería tratarse de quién derrota a quién, sino de cuánto podemos mejorar la vida de nuestra gente.


