Flávio Bolsonaro, la Triple Frontera y las preguntas que nadie responde
Columna de opinión de Mario Antonowicz
La presencia de Flávio Bolsonaro en Puerto Iguazú, en su viaje hacia Ecuador y posiblemente Estados Unidos, deja muchas preguntas sin respuestas.
Desde que se conoció que abordaría un avión privado en nuestro aeropuerto, transcurrieron casi 24 horas de rumores y especulaciones.
Finalmente, durante las primeras horas del miércoles 28 de octubre, llegó acompañado por otras personas y, según las versiones difundidas, escoltado por fuerzas de seguridad argentinas hasta la plataforma del aeropuerto.
La primera pregunta es inevitable: ¿dónde estuvo Flávio Bolsonaro durante todo ese tiempo?
¿Permaneció en Brasil? ¿Ingresó antes a Puerto Iguazú? ¿Quién organizó semejante operativo?
Durante el martes escuchamos versiones de todo tipo: ingresos clandestinos por el río, pasos ilegales y supuestos cruces sin documentación.
Por momentos, presentaban nuestra frontera como un verdadero mamarracho en materia de seguridad.
Sin embargo, Migraciones argentina informó que Bolsonaro ingresó legalmente, con documentación válida y sin impedimentos registrados.
Y quienes vivimos aquí sabemos perfectamente cómo funcionan los controles del Puente Internacional Tancredo Neves.
Son tan rigurosos que, por momentos, parecen más estrictos que los puestos de control entre las dos Alemanias durante la Guerra Fría.
Mientras tanto, miles de vecinos y turistas soportan largas demoras, perjudicando seriamente la economía de Puerto Iguazú.
Entonces, surgen otras preguntas.
¿Por qué habría recibido una escolta especial? ¿Quién la autorizó? ¿Por qué eligió nuestra ciudad para concretar su salida?
Pero este episodio también debería abrir una discusión mucho más importante.
¿No llegó el momento de poner verdaderamente en funcionamiento y fortalecer los organismos de integración del Mercosur?
Durante décadas escuchamos hablar de integración regional, libre circulación y cooperación entre países.
Tenemos el Parlamento del Mercosur, el Consejo del Mercado Común y otros espacios institucionales.
Pero cuando aparecen situaciones que involucran decisiones judiciales, controles migratorios y fuerzas de seguridad de distintos países, seguimos preguntándonos dónde está esa integración.
¿No deberíamos contar con mecanismos regionales más eficientes para intercambiar información y coordinar procedimientos, respetando las leyes y la soberanía de cada Estado?
Porque el Mercosur no puede limitarse al intercambio comercial y a las reuniones diplomáticas.
La integración también debe servir para resolver los problemas cotidianos de nuestros ciudadanos.
Y aquí está la gran contradicción.
Mientras determinados operativos parecen resolverse rápidamente, miles de personas siguen esperando horas para atravesar nuestra frontera.
El caso Flávio Bolsonaro seguramente dejará de ocupar los titulares.
Pero las demoras, la burocracia y los perjuicios económicos para Puerto Iguazú seguirán presentes.
Tal vez llegó el momento de exigir un Mercosur que funcione verdaderamente para las personas y no solamente para las mercaderías.
Porque esa es la integración que nuestra región necesita.




