Entre la decepción y la búsqueda: ¿hay una alternativa en camino?
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Cuando el 10 de diciembre de 2023 Javier Milei asumía la presidencia de la Argentina, una parte importante de la sociedad apostó a un cambio. Se sabía —o al menos se intuía— que el camino no
iba a ser sencillo: vendrían medidas duras, ajustes incómodos, decisiones impopulares. Pero también había una expectativa clara: que, finalmente, el país comenzara a enderezarse.
Hoy, a más de dos años de aquel punto de partida, el balance social parece atravesado por una sensación distinta: la decepción. No necesariamente absoluta, pero sí lo suficientemente extendida
como para reflejarse en encuestas que hablan de niveles altos de desaprobación de la gestión presidencial. Y en ese malestar aparece una idea que resuena cada vez con más fuerza: la “casta”
que se prometía combatir, ¿realmente se fue?
Los ejemplos que circulan en la opinión pública no ayudan a disipar esa duda. Casos de privilegios en la política —como el uso de recursos del Estado para beneficios personales— o situaciones
vinculadas a funcionarios de alto rango alimentan la percepción de que ciertas prácticas siguen vigentes, más allá del discurso de renovación. Para muchos, esto erosiona la credibilidad de un
proyecto que había hecho de la confrontación con esos vicios uno de sus pilares.
Sin embargo, el escenario es más complejo que una simple frustración. Porque si bien crece el desencanto con el presente, tampoco aparece una mirada nostálgica fuerte hacia el pasado. Pocos
parecen dispuestos a afirmar que el kirchnerismo fue la mejor etapa posible para el país. Aun así, ambos espacios —el actual oficialismo y la oposición tradicional— conservan núcleos de apoyo, lo
que mantiene fragmentado el mapa político.
En ese contexto emerge una sensación que empieza a ganar terreno: la búsqueda de algo nuevo.
Una alternativa distinta, que no repita los errores conocidos ni prometa soluciones extremas. Pero esa alternativa, por ahora, no termina de tomar forma. Hay nombres que suenan, movimientos que se reacomodan a nivel nacional, provincial y municipal, pero falta cohesión. Falta, sobre todo, una propuesta sólida, consistente y creíble.
Y ahí aparece la gran pregunta de cara al futuro: ¿habrá en 2027 una oferta electoral que logre sintetizar lo que hoy parece disperso? ¿Un proyecto que no implique giros bruscos de 180 grados,
que evite los extremos y que proponga un camino de desarrollo sostenido e inclusivo para todos los argentinos?
Porque, en el fondo, eso es lo que una gran parte de la sociedad parece estar esperando: no una nueva promesa grandilocuente, sino una construcción política seria, equilibrada y con vocación de
largo plazo. Una que entienda que el país no empieza de cero cada cuatro años.
Estamos en tiempos de definiciones. Probablemente, hacia mediados de este año, comiencen a perfilarse con mayor claridad los actores que buscarán ocupar ese espacio vacante. Hasta
entonces, la Argentina sigue transitando este momento incómodo: entre lo que no fue y lo que todavía no aparece.


