Cuando las diferencias personales se convierten en un problema de Estado

 Cuando las diferencias personales se convierten en un problema de Estado

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por RADIO YGUAZÚ (@radioyguazu)

Cuando las diferencias personales se convierten en un problema de Estado Durante décadas, la Argentina y Brasil vivieron bajo una hipótesis de conflicto. Misiones lo sufrió especialmente, porque muchas obras estratégicas financiadas por la Nación quedaron postergadas justamente por esa mirada de desconfianza hacia nuestro principal vecino.

Con el regreso de la democracia, uno de los grandes logros del presidente Raúl Alfonsín fue empezar a derribar esa lógica de enfrentamiento y construir una relación basada en la cooperación y el comercio. Ese camino desembocó en el Mercosur, abrió las puertas al financiamiento de rutas, líneas de alta tensión e infraestructura, y convirtió a Brasil en el principal socio comercial de la Argentina.

Por eso resulta difícil comprender lo que vimos en los últimos días. En plena campaña electoral brasileña, el presidente Javier Milei decidió participar de un acto político apoyando a un sector de la oposición y lanzó durísimas descalificaciones personales contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Cada dirigente tiene derecho a expresar sus ideas y sus preferencias políticas. Pero una cosa es la opinión de un dirigente y otra muy distinta es la palabra del presidente de una Nación. Cuando habla un jefe de Estado, no lo hace solamente en nombre propio: habla en representación de todos los argentinos.

Brasil no es un país cualquiera. Es nuestro principal socio comercial, compartimos miles de kilómetros de frontera, millones de dólares en intercambio económico, inversiones, turismo, industrias y miles de puestos de trabajo que dependen de esa relación.

La política exterior no debería estar guiada por simpatías personales ni por afinidades ideológicas. Debería responder, antes que nada, a los intereses permanentes de la Argentina.

Porque los presidentes pasan. Las campañas terminan. Pero las relaciones entre los países permanecen. Y cuando esas relaciones se deterioran por decisiones personales, quienes terminan pagando el costo no son los políticos, sino los ciudadanos, lostrabajadores y las empresas.

En cuestiones de política internacional, la responsabilidad institucional debería estar siempre por encima de cualquier disputa partidaria.

¿Qué opinión Tenes sobre esta nota?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Dejar un comentario

Nombre o email opcionales.