CRECIDAS EXTRAORDINARIAS: ¿QUÉ PASA CON LOS PECES, YACARÉS Y LA FAUNA CUANDO LOS RÍOS SE DESBORDAN?
Las importantes crecidas que experimentan los ríos Paraná e Iguazú vuelven a plantear una pregunta que va mucho más allá de lo que puede observarse desde la costa: ¿qué ocurre con los animales cuando el nivel del agua aumenta de manera extraordinaria?
La primera respuesta puede resultar sorprendente: una creciente no es necesariamente una mala noticia para la naturaleza. Los ríos son sistemas dinámicos y las variaciones de nivel forman parte de su funcionamiento natural.
Así lo explica Agustín Solari, biólogo del Instituto de Biología Subtropical (IBS), dependiente del CONICET y de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), quien analizó particularmente los efectos sobre dos grupos que forman parte de su campo de conocimiento: peces y yacarés.
PARA LOS PECES, MÁS AGUA TAMBIÉN PUEDE SIGNIFICAR MÁS OPORTUNIDADES
Según Solari, cuando aumenta el nivel del río también puede incrementarse la conexión entre el cauce principal y lagunas, bañados, arroyos y otros ambientes marginales.
Esto permite que los peces alcancen nuevos lugares, encuentren refugios y accedan a mayores áreas de alimentación.
En determinadas especies, especialmente entre los peces migradores, la subida del río funciona además como un estímulo relacionado con la reproducción.
“Estudios realizados en nuestro río Paraná han relacionado las crecientes con incrementos en la deriva de huevos y larvas y con un mayor reclutamiento posterior de juveniles”, explica el especialista.
Es decir que aquello que desde tierra puede observarse como una enorme masa de agua desplazándose río abajo constituye también parte de un complejo proceso biológico.
CUANDO LA CRECIDA ES DEMASIADO GRANDE
Sin embargo, el beneficio tiene límites.
Una creciente extraordinaria, especialmente cuando el aumento del caudal ocurre rápidamente, puede convertirse en un problema para determinados animales y, sobre todo, para sus etapas iniciales de desarrollo.
Solari advierte que caudales extremadamente elevados incrementan la velocidad de la corriente y pueden provocar el desplazamiento pasivo de huevos, larvas y peces juveniles.
También pueden desaparecer temporalmente refugios, modificarse la turbidez del agua y producirse cambios importantes en la estructura física de los ambientes.
Por eso, una misma creciente puede favorecer a determinados peces y perjudicar a otros.
EL IGUAZÚ, UN ECOSISTEMA PARTICULAR
En el río Iguazú el fenómeno adquiere características especiales.
Por encima de las Cataratas existe una importante diversidad de peces y numerosos endemismos, es decir, especies cuya distribución está restringida a esa cuenca.
Las propias Cataratas constituyen además una gran discontinuidad natural entre las comunidades de peces existentes aguas arriba y aguas abajo.
En este ambiente, explica Solari, una creciente puede favorecer el transporte de materia orgánica y organismos, ampliar temporalmente determinados hábitats y modificar favorablemente la disponibilidad de alimento.
Pero si el incremento del caudal es extremo y repentino también puede dificultar el desplazamiento activo de los peces, aumentar el arrastre de organismos pequeños y transformar temporalmente las condiciones de sus hábitats.
¿Y QUÉ OCURRE CON LOS YACARÉS?
El impacto también depende de la edad de los animales y del ambiente que utilizan.
Solari pone como ejemplo al yacaré overo (Caiman latirostris).
En el río Iguazú, señala, buena parte de los ejemplares observados son individuos jóvenes de pequeño y mediano tamaño que dependen de ambientes particulares, con sectores de vegetación abierta y herbácea que utilizan, entre otras funciones, para asolearse.
Cuando el río alcanza niveles extraordinariamente altos, esos sectores pueden quedar completamente cubiertos por el agua.
El problema puede ser todavía mayor durante la reproducción.
La inundación de las zonas de nidificación puede provocar hipoxia en los huevos, mortalidad embrionaria y malformaciones. En neonatos y juveniles también existe riesgo de arrastre, pérdida de refugios terrestres y una mayor exposición frente a depredadores.
Los adultos, en cambio, poseen mayor capacidad de desplazamiento y natación, por lo que generalmente están mejor preparados para enfrentar las variaciones del río.
Incluso pueden obtener un beneficio temporal si la inundación amplía los ambientes acuáticos disponibles y aumenta la presencia de determinadas presas.
LA CRECIDA NO TERMINA EN EL AGUA
El fenómeno tampoco debe analizarse únicamente observando peces y reptiles.
Cuando un río crece e invade sectores ribereños modifica temporalmente la relación entre ambientes acuáticos y terrestres. Materia orgánica, nutrientes, semillas, pequeños organismos e invertebrados pueden desplazarse hacia nuevos sectores.
Al mismo tiempo, animales terrestres que utilizan las costas, islas o zonas bajas deben buscar terrenos más elevados y pueden perder temporalmente sitios de alimentación, descanso o refugio.
Por eso no toda inundación representa necesariamente una catástrofe ecológica. Los pulsos de creciente forman parte del funcionamiento natural de los grandes sistemas fluviales.
La diferencia está en la magnitud, la velocidad, la duración y, fundamentalmente, el momento biológico en que ocurre.
NI BUENA NI MALA: DEPENDE DE LA MAGNITUD Y DEL MOMENTO
Solari resume el fenómeno señalando que las crecientes no deberían interpretarse simplemente como algo negativo.
“Los pulsos hidrológicos forman parte de los procesos que mantienen la productividad, conectividad y dinámica de los ecosistemas fluviales”, explica.
El problema aparece cuando la magnitud o duración supera la capacidad de respuesta de determinados organismos o coincide con una etapa particularmente vulnerable de su ciclo de vida.
Para los peces, una creciente puede significar reproducción, mayor disponibilidad de ambientes y mejores posibilidades de reclutamiento, pero también arrastre y mortalidad durante los primeros estadios.
Para el yacaré overo, las mayores vulnerabilidades se concentran en nidos, huevos, neonatos y juveniles, mientras que los ejemplares de mayor tamaño cuentan con mejores herramientas para afrontar las modificaciones del ambiente.
Las grandes crecientes, entonces, no representan solamente millones de metros cúbicos de agua pasando frente a las costas de la Triple Frontera.
Debajo del agua y en las costas se produce una enorme reorganización de la vida. Algunas especies encuentran nuevas oportunidades; otras buscan refugio y las más vulnerables pueden sufrir las consecuencias de un río que, durante algunos días, modifica por completo las reglas de su ecosistema.
Fuente consultada: Agustín Solari, biólogo del Instituto de Biología Subtropical (IBS), CONICET–Universidad Nacional de Misiones (UNaM)



