“Cuando un gobierno cobra más y explica menos, la corrupción deja de ser sospecha y pasa a ser pregunta.”
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Se abrió un nuevo período de sesiones ordinarias en el Concejo Deliberante de Iguazú.
Y una vez más, el discurso del Ejecutivo dejó más preguntas que respuestas.
Como viene ocurriendo durante toda su gestión, el intendente Filippa volvió a pedir el acompañamiento de los vecinos. Sin embargo, cuando uno mira la ciudad, cuesta ver cambios profundos que justifiquen ese pedido permanente de confianza. Obras inconclusas, problemas que se repiten y, sobre todo, silencios que preocupan.

No hubo explicaciones claras sobre los aumentos de las tasas municipales, ni tampoco detalles concretos sobre cómo se administran los fondos públicos. En un contexto económico difícil para los vecinos, pedir más esfuerzo sin rendir cuentas es, como mínimo, irresponsable.
En este marco se dio una imagen que generó debate: el concejal opositor Fabián de Sa mostró un cartel que decía “Cobro de la tasa de abasto: caja negra + efectivo = corrupción”.

Lo hizo porque, durante la locución del jefe comunal, no está permitida la intervención de los concejales.
¿Fue una falta de respeto institucional o una forma de protesta legítima frente al silencio oficial?

Cuando no hay espacios para preguntar, para debatir, para controlar, la democracia se vacía. La oposición tiene la obligación de incomodar, de señalar lo que no cierra, de representar a los vecinos que no tienen micrófono.
Claro que los gestos fuertes siempre dividen opiniones. Pero también nos obligan a hablar de lo que se intenta esquivar.
Ahora la pregunta es para vos:
👉 ¿Aprobás o reprobás la actitud del concejal opositor?
Te leo en los mensajes. Porque opinar también es participar.

