Columna de Opinión – Vuelos Lima–Puerto Iguazú
Qué contradictorio.
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Desde el 1° de diciembre, el gobierno de la provincia de Misiones, el Ministerio de Turismo, la intendencia de Iguazú y el ente municipal de turismo hablan del gran impacto de los vuelos entre Lima y Puerto Iguazú. Conferencias en Lima, delegaciones oficiales, anuncios, fotos, celebraciones.
Pero la realidad parece contar otra historia.
Un medio local importante, La Voz de Cataratas, informó que la empresa Flybondi —que actualmente opera esos vuelos entre Lima y Puerto Iguazú y tiene unos 35 empleados trabajando en el destino—estaría analizando reducir su plantilla y ofrecer retiros voluntarios.

Entonces surge una pregunta inevitable: si el vuelo es tan exitoso como dicen, ¿por qué la empresa que lo opera estaría pensando en reducir personal? ¿Quién va a cubrir esos puestos de trabajo?
Esta no es la primera vez que vivimos algo así.
Algo parecido ocurrió con el vuelo entre Madrid y Puerto Iguazú. Fue presentado con bombos y platillos, pero no logró sostenerse en el tiempo. ¿Por qué? Porque muchas veces estos proyectos se
comunican más como un logro político que como una estrategia turística profesional.
Cuando hablo de profesionalismo, hablo de algo muy concreto: trabajar con las grandes empresas que venden paquetes turísticos en el mundo, asegurar ocupación, planificar crecimiento. Lograr que los vuelos no solo existan dos veces por semana, sino que puedan crecer.
Pero no todo está perdido.
Una de las compañías aéreas más importantes de América Latina, LATAM, ya tiene autorizada por el gobierno argentino la ruta entre Puerto Iguazú y Lima.
Ojalá esta vez las autoridades entiendan la lección: menos marketing político, menos ruido, y más trabajo profesional para vender el destino Iguazú al mundo.

