Crisis de ansiedad y ataques de pánico: cuando sentimos que perdemos el control
En una sociedad atravesada por las exigencias, la incertidumbre, la sobrecarga de responsabilidades y la dificultad para detenernos, la ansiedad se ha convertido en una experiencia cada vez más frecuente. Sin embargo, ¿sabemos realmente qué sucede cuando la ansiedad nos desborda? ¿Qué diferencia existe entre estar ansiosos y atravesar un ataque de pánico?
La ansiedad es una respuesta natural del organismo frente a situaciones que percibimos como amenazantes o que nos generan preocupación. Nos permite anticiparnos, prepararnos y responder ante determinadas circunstancias. El problema aparece cuando esa respuesta se vuelve excesiva, persistente y comienza a interferir en nuestra vida cotidiana.
¿Cómo se manifiesta una crisis de ansiedad?
La ansiedad no se experimenta únicamente a nivel psicológico. También tiene manifestaciones físicas que pueden resultar muy intensas: palpitaciones, sudoración, temblores, tensión muscular, sensación de falta de aire, mareos y opresión en el pecho.
A nivel emocional y cognitivo pueden aparecer pensamientos acelerados, preocupación constante, miedo a que algo malo suceda y una sensación de desborde o pérdida de control.
¿Qué diferencia existe entre una crisis de ansiedad y un ataque de pánico?
Aunque muchas veces utilizamos ambos términos como sinónimos, no son exactamente lo mismo.
El ataque de pánico se caracteriza por la aparición abrupta de miedo o malestar intenso, que alcanza su máxima expresión en pocos minutos. Durante ese episodio, la persona puede experimentar la sensación de que está sufriendo un infarto, que va a morir, que está perdiendo el control o que algo terrible está por suceder. La sensación de muerte es un síntoma clave en la manifestación del ataque de pánico.
Una de las particularidades del ataque de pánico es que la intensidad de los síntomas físicos puede llevar a la persona a interpretar que está atravesando una emergencia médica. Por eso, ante síntomas nuevos o intensos, es importante realizar una evaluación médica para descartar otras causas.
El círculo del miedo: cuando tenemos miedo de volver a sentir miedo.
Después de experimentar un ataque de pánico, algunas personas comienzan a desarrollar ansiedad anticipatoria. Esto significa que viven pendientes de la posibilidad de que vuelva a suceder.Pueden comenzar a evitar determinados lugares, viajar en transporte público, conducir, asistir a espacios concurridos o incluso salir solas.
De esta manera, el miedo a experimentar nuevamente los síntomas puede terminar condicionando su vida cotidiana. Progresivamente, la persona comienza a limitar sus actividades para evitar aquello que le genera inseguridad.
Pero el ataque de pánico, no necesariamente se presenta como respuesta inmediata a una situación que consideramos insegura o peligrosa. Es común que aparezcan en momentos de aparente tranquilidad, mientras dormimos o cuando hacemos cualquier actividad rutinaria.
Por estas razones, es importante conocernos y saber que hacer frente a una crisis. Aprender a reconocer las señales de nuestro cuerpo y contar con herramientas para afrontar estos episodios.
Regular la respiración sin forzarla, conectarse con el momento presente, buscar un espacio seguro y contar con el acompañamiento de alguien de confianza pueden ser recursos útiles.
También es fundamental comprender que intentar luchar desesperadamente contra las sensaciones físicas puede incrementar el miedo. Aprender a reconocerlas y comprender qué está sucediendo es parte del proceso.
La importancia de pedir ayuda.
Cuando la ansiedad comienza a afectar nuestros vínculos, el descanso, el trabajo o nuestras actividades habituales, es importante consultar con un profesional.
La terapia cognitivo-conductual, entre otros abordajes con evidencia científica, permite trabajar sobre los pensamientos, las interpretaciones, las respuestas físicas y las conductas de evitación que mantienen el problema.
Los ataques de pánico pueden generar experiencias profundamente angustiantes, pero existen tratamientos y herramientas que permiten recuperar progresivamente la seguridad y la autonomía.
A veces, estamos tan ocupados intentando responder a las exigencias externas que dejamos de registrar lo que nos sucede internamente.
La ansiedad puede ser una señal de que algo necesita nuestra atención. No se trata de vivir sin miedo, sin preocupaciones o sin incertidumbre, sino de aprender a relacionarnos de otra manera con aquello que sentimos.
Lic. Marysol Perassi
Psicóloga – UBA
MP 760
Columna de salud mental – Radio Iguazú 99.9



