Flávio Bolsonaro publicó una carta tras su llegada a EE.UU., dijo que es el «verdadero Presidente electo» y le agradeció a Milei

 Flávio Bolsonaro publicó una carta tras su llegada a EE.UU., dijo que es el «verdadero Presidente electo» y le agradeció a Milei

Flávio Bolsonaro publicó una carta tras su llegada a EE.UU., dijo que es el «verdadero Presidente electo» y le agradeció a Milei
El excandidato presidencial brasileño llegó a Miami tras salir de Brasil mediante un operativo secreto en el que participó el Gobierno argentino. En un comunicado, afirmó: “No huí de Brasil, me fui de Brasil”.

Además, agradeció a Javier Milei por su “coraje y sentido de la justicia y la legalidad” y destacó la recepción de la administración de Donald Trump.

La carta completa

Me dirijo al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el verdadero presidente electo de Brasil.

Antes que nada, quería agradecer al presidente Milei por su coraje, sentido de la justicia y legalidad, y al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por recibirme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que las buenas personas de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión.

El domingo por la noche, observé consternado cómo se concretaba un fraude electoral ante mis ojos. La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se produjera una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta. Una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF), tomada por encima de las competencias del Tribunal Superior Electoral (TSE), extendió la votación a último momento, y la orden llegó recién después de que terminara el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se limitó a defender la extensión del horario y no existe siquiera una respuesta creíble. Y las nulidades no son el único problema. A lo largo de toda la campaña hubo abuso de poder político y económico, además de utilización de los recursos del Estado a favor de la reelección. Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la fórmula Lula-Alckmin.

La respuesta del régimen a mis cuestionamientos llegó rápidamente. Como si se tratara de un plan previamente elaborado, siete minutos después de ese repugnante fraude electoral, el juez, involucrado en un enorme escándalo de corrupción y mencionado directamente en la investigación que utilizó para intentar incautar mis pasaportes, y que muy probablemente estaría preso si no hubieran impedido mi asunción, puso en marcha la maquinaria de persecución política del régimen. Al estar impedido de intervenir desde el inicio y ser completamente sospechoso de parcialidad para iniciar cualquier procedimiento judicial contra mí, su mera participación en actos procesales demuestra la magnitud de la arbitrariedad y la ilegalidad en curso.

No era mi intención abandonar mi patria, pero sé exactamente adónde conduce todo esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado. La persecución política que comenzó con mi padre, el expresidente Jair Bolsonaro, y se extendió a miles de otros brasileños patriotas comunes e incluso a ciudadanos estadounidenses, tiene un único objetivo: silenciar a cualquiera que no esté de acuerdo con el régimen de excepción instaurado en Brasil, a través de una Corte Suprema controlada por la organización criminal del Partido de los Trabajadores.

Quiero dejar en claro que no existe ninguna orden de detención contra mí, porque no cometí ningún delito. Lo que existe es una caza de brujas por motivos políticos, que buscaba convertirme en rehén y objeto de chantaje para proteger a los jueces corruptos de la Corte Suprema de un juicio político. Este es el procedimiento de la persecución: confiscación del pasaporte, tobillera electrónica, censura, arresto domiciliario, juicio simulado y, finalmente, condena política.

No voy a someter a mi familia a eso y mi país no merece atravesar nuevamente esta vergüenza internacional. Ante la utilización política de la Justicia en Brasil, traje a mi familia a Estados Unidos, donde estamos seguros. Agradezco, una vez más, al presidente Trump y al Gobierno estadounidense por recibirnos y brindarnos la seguridad jurídica que ya no tenemos en Brasil.

Quiero dejar en claro que no huí de Brasil, me fui por Brasil. Dejé un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece, porque callado, preso y censurado, como lo está mi padre, no podría ejercer ese liderazgo y quedaríamos sometidos al teatro institucional de una oposición castrada y controlada por una Corte Suprema llena de servidores del régimen.

No soy el primero que tiene que luchar por su propio país desde el exterior. Rui Barbosa se exilió por enfrentarse a los abusos de poder de Floriano Peixoto y, desde allí, siguió defendiendo la ley y la libertad. Charles de Gaulle lideró la Francia Libre desde Londres, condenado a muerte por el régimen de Vichy, y regresó para liberar a su país. José Martí organizó la lucha por la independencia de Cuba desde Nueva York. En Venezuela, Juan Guaidó y Edmundo González tuvieron que abandonar el país por enfrentarse a la dictadura chavista, y María Corina Machado, incluso perseguida, se negó a legitimar el fraude y se convirtió en un símbolo mundial de la resistencia democrática. Todos ellos fueron tratados como criminales por los regímenes a los que se enfrentaron. La historia los llamó de otra manera.

Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. Quiero decirles, no solo a mis 60 millones de votantes, sino a todo el pueblo brasileño, que soy el presidente electo y que los criminales que robaron las elecciones de Brasil forman parte de una organización criminal que instauró una tiranía. A ustedes, que anhelaban el cambio, no voy a abandonarlos. Seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación.

A las instituciones brasileñas les hago un llamado: esta locura tiene que terminar. Brasil vive hoy un caos jurídico, de corrupción y persecución política, en el que la oposición tiene miedo de hablar y la familia de un expresidente es tratada como enemiga del Estado. Ninguna nación puede vivir en paz ni prosperar de esa manera. Todavía estamos a tiempo de restablecer el equilibrio entre los poderes y devolverles a los brasileños la confianza que perdieron.

A la comunidad internacional le pido que no normalice lo que está ocurriendo en Brasil. Lo que sucede hoy en mi país no es normal y no puede ser tratado como algo normal.

A los senadores, diputados y gobernadores que ayudé a elegir, y especialmente a mi candidato a la presidencia del Senado, Rogério Marinho: sé que hoy no tienen la libertad necesaria para ejercer plenamente la actividad política. Por eso, lideraré la oposición desde aquí. Diré lo que ustedes, allá, no pueden decir y asumiré los riesgos que ustedes no pueden correr.

Y a vos, que me votaste y soñás con el cambio: no estamos derrotados y no estamos solos. Este es apenas el comienzo de nuestra lucha por la democracia, los derechos humanos y la libertad en Brasil. En los próximos días me dirigiré regularmente al pueblo brasileño y presentaremos una estrategia para movilizar a la oposición y al inmenso apoyo popular que tenemos, por todos los medios pacíficos y legítimos, para impedir que Lula consolide un régimen dictatorial en Brasil. Les pido a todos que se mantengan firmes y nunca se rindan.

Me fui de Brasil, pero no abandoné a los brasileños. Esta lucha no terminó el 25 de octubre. Solo terminará cuando Brasil vuelva a ser un país libre. Y ese día llegará.

Que Dios bendiga a Brasil.
(clarincom)

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