Cansancio cotidiano: cuando el agotamiento va más allá de lo físico y afecta las emociones

La licenciada en Psicología Marysol Perassi habló sobre el agotamiento emocional, las exigencias de la rutina y la importancia de hacer pausas, reconocer las señales de nuestro cuerpo y pedir ayuda a tiempo.

“Estoy cansado”, “no llego con todo” o “me siento agotado” son frases que se repiten diariamente en las conversaciones familiares, laborales y sociales. Sin embargo, detrás de estas expresiones puede haber algo más que cansancio físico: un agotamiento emocional que se acumula frente a las responsabilidades, las preocupaciones y las exigencias de la vida cotidiana.

En su columna, la licenciada abordó esta problemática y explicó que el cansancio no siempre está relacionado con la actividad física o la falta de sueño. “Hablamos de un cansancio que no se asocia solamente con cuestiones físicas, que puede aparecer después de alguna actividad exigente, sino de un cansancio que se da más a nivel emocional. Va más allá del cuerpo”, señaló.

En ese sentido, sostuvo que una persona puede dormir bien, descansar muchas horas y, aun así, despertarse sin energía. “A veces dormimos bien, dormimos muchas horas, podemos descansar y, sin embargo, sentimos que estamos agotados y que no tenemos energía”, explicó.

Las exigencias cotidianas y la sensación de no llegar con todo

Perassi relacionó este agotamiento con el ritmo de vida actual y las múltiples responsabilidades que las personas intentan cumplir a diario. “Vivimos en una sociedad que cada vez es más exigente, cada vez es más competitiva, nos exige cumplir con muchas cosas”, afirmó.

Las obligaciones laborales, el cuidado de los hijos, las tareas del hogar, los vínculos personales y las exigencias académicas pueden convertirse en una carga cuando se intenta responder a todo al mismo tiempo.

“Muchas de estas cosas nos terminan sobrepasando. Cuando hacemos todo esto, en la mayoría de los casos, dejamos de ocuparnos de nosotros mismos, dejamos de hacer pausas, dejamos de descansar”, advirtió la profesional.

En este punto, aclaró que descansar no significa únicamente dormir, sino también encontrar momentos para relajarse, disfrutar de una actividad o simplemente desconectarse de las obligaciones. “Estoy hablando simplemente de poder hacer pausas, pequeñas pausas en el día que nos permitan reconectarnos con nosotros”, expresó.

Vivir en automático y la necesidad de estar siempre conectados

A las responsabilidades habituales se suma el flujo constante de información y las demandas de la conectividad. Los mensajes de WhatsApp, las redes sociales y la sensación de tener que responder de inmediato contribuyen a que muchas personas permanezcan pendientes de distintas situaciones, incluso durante los momentos destinados al descanso o al encuentro familiar.

“Vivimos en automático”, sostuvo Marysol y agregó que actualmente “todo se tiene que contestar, todo se tiene que ver, todo es inmediato, las demandas se tienen que responder rápido”.

Esta dinámica puede dificultar la posibilidad de detenerse, organizar las preocupaciones y establecer prioridades. Según explicó, muchas veces una preocupación se superpone con otra y no queda tiempo para pensar qué es realmente importante y qué puede esperar.

Por eso, destacó la importancia de aprender a organizar las actividades y reconocer que no todo debe resolverse en el mismo momento.

Irritabilidad, falta de paciencia y dificultades para descansar

El agotamiento emocional también puede manifestarse en la forma en que las personas reaccionan ante situaciones cotidianas. La falta de paciencia, la irritabilidad y las respuestas impulsivas pueden ser algunas de las señales que indican que alguien está sobrepasado.

“El agotamiento emocional trae aparejado un aumento en la irritabilidad. No todos reaccionamos de la misma manera porque cada uno tiene sus propios recursos para responder a determinadas cosas, pero la irritabilidad sí es una característica bastante común”, explicó la psicóloga.

Estas reacciones no solo afectan a quien atraviesa el agotamiento, sino también a sus vínculos. Responder mal, discutir por situaciones menores o interpretar un problema como algo mucho más grave puede generar dificultades en la convivencia familiar, laboral y social.

Además, advirtió que estas situaciones pueden convertirse en un círculo que se retroalimenta: la irritabilidad dificulta el descanso, la mente continúa activa durante la noche y, al día siguiente, la falta de descanso puede aumentar nuevamente el malestar.

“Esto empieza a formar como una bola de nieve. Hay que ocuparse a tiempo”, remarcó.

El agotamiento también puede expresarse de otras maneras. Algunas personas reaccionan de forma desproporcionada ante pequeños inconvenientes, mientras que otras tienden a postergar tareas o a evitar aquello que sienten que no pueden afrontar.

“Cuando algo que no es tan grave, cuando algo que no es tan significativo, nos genera una preocupación gigante, hay que prestar atención”, señaló.

Organizarse, hacer pausas y aprender a poner límites

Frente a esta realidad, Perassi planteó que el primer paso es detenerse y observar qué está pasando. “Lo primero que tenemos que hacer es mirarnos a nosotros mismos. Entender cuáles son las cosas que nos están generando determinadas sensaciones, cuáles son los límites que yo necesito ponerme a mí mismo y cuáles son las cosas que creo que necesito para empezar a sentirme mejor”, expresó.

La profesional destacó que se trata de un proceso personal, porque cada persona cuenta con recursos y necesidades diferentes. Sin embargo, existen acciones cotidianas que pueden ayudar a recuperar cierto equilibrio.

Entre ellas, mencionó la posibilidad de planificar las actividades, establecer prioridades, resolver una tarea a la vez y evitar intentar hacer muchas cosas simultáneamente.

También recomendó anotar las actividades pendientes antes de terminar el día. De esta manera, la persona puede acostarse con la tranquilidad de haber organizado lo que necesita hacer al día siguiente, en lugar de permanecer pensando en todas sus obligaciones.

“Si a las ocho de la noche, nueve de la noche, cuando está terminando el día, yo me siento con un cuaderno de anotaciones, con una agenda y escribo todo lo que tengo que hacer mañana, mi mente va a estar más relajada a la hora de dormir”, explicó.

A su vez, insistió en que las pausas no requieren grandes cambios ni disponer de varias horas libres. Leer un libro, tejer, sentarse un rato sin hacer nada o retomar una actividad que genere disfrute son algunas alternativas.

“No son cosas gigantes las que tenemos que hacer para parar. Es simplemente poder sentarme en el sillón un rato, no hacer nada, relajarme, leer un libro, tejer, lo que sea, lo que a cada uno le haga bien”, sostuvo.

En relación con la organización, también aconsejó evitar la multitarea constante y prestar atención al tiempo disponible para cada actividad. “Una cosa por vez y no llenarnos la cabeza de cosas que tenemos que hacer. Va a rendir mucho más el tiempo si nos organizamos de esta manera”, afirmó.

Pedir ayuda a tiempo

Hacia el final de la columna, hizo hincapié en la importancia de prestar atención a las señales físicas y emocionales, sin esperar a que el malestar llegue a un punto límite.

“Detectemos lo que nos pasa. Mirémonos un poco más y aprendamos cuáles son las señales que nos envía nuestro cuerpo, que nos envía nuestra cabeza, cuáles son las emociones que aparecen y que nos pueden preocupar”, expresó.

También remarcó que pedir ayuda no debe ser una decisión que se tome únicamente cuando la situación se vuelve insostenible. Hablar con alguien de confianza, buscar contención en los vínculos cercanos y consultar con un profesional de la salud mental cuando sea necesario son pasos importantes para abordar el malestar.

Advirtió que, si el malestar emocional se prolonga y no se aborda, puede agravarse y requerir atención profesional. Por eso, recomendó prestar atención a señales como el agotamiento persistente, las dificultades para concentrarse, los olvidos frecuentes o la sensación de no poder continuar con las actividades habituales.

“Si notamos que estamos agotados, que no damos más, que no podemos concentrarnos, que no nos acordamos de las cosas, busquemos ayuda. No esperemos a que todo explote para ocuparnos de nosotros, de llegar al límite”, concluyó.

María Gabriela Cáceres destacó la importancia de los análisis preventivos y la medicina regenerativa

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