La interna que no cambia la vida de nadie

 La interna que no cambia la vida de nadie

Hace poco más de un mes se conoció la ruptura, o la supuesta ruptura, entre Carlos Rovira, histórico conductor del hoy denominado Encuentro Misionero, y el gobernador Hugo Mario Passalacqua, quien decidió construir su propio espacio político de cara a las próximas elecciones.

Desde entonces, buena parte de la agenda política y mediática gira alrededor de esa interna. Que tal diputado se fue con Passalacqua. Que tal otro decidió quedarse con Rovira. Que un intendente cambió de bando. Que un funcionario renunció para sumarse al nuevo armado. Después de más de 20 años bajo un mismo esquema político, ahora nos quieren convencer de que existen dos proyectos completamente distintos.

Pero la pregunta es otra.

¿Eso realmente le importa al ciudadano común?

¿Al vecino que espera meses por un turno médico? ¿Al docente que enfrenta todos los días las dificultades del sistema educativo? ¿Al comerciante que paga una de las tarifas eléctricas más caras del país por un servicio que deja mucho que desear? ¿A la familia que ve cómo cada mes resulta más difícil sostener su economía?

Mientras la política discute quién se quedó con quién, la gente sigue esperando respuestas a los problemas de siempre.

Da la sensación de que muchos dirigentes viven dentro de una burbuja. Como si protagonizaran una novela donde ellos mismos escriben el guion, eligen a los buenos y a los malos y convierten sus diferencias internas en el tema más importante de la provincia.

Pero afuera de esa burbuja hay otra realidad.

La realidad de quienes necesitan hospitales que funcionen, escuelas de calidad, rutas seguras, un sistema eléctrico confiable, empleo privado y oportunidades para que los jóvenes no tengan que irse de Misiones para construir su futuro.

Las últimas elecciones dejaron un mensaje muy claro. El oficialismo perdió parte del respaldo que durante años pareció inamovible. Y eso no ocurrió por una pelea entre dirigentes. Ocurrió porque una parte importante de la sociedad empezó a exigir resultados antes que relatos.

Por eso vale preguntarse si esta interna será el eje de toda la campaña o si, en algún momento, los dirigentes dejarán de hablar de ellos mismos para empezar a hablar de la gente. Porque al elector no le cambia la vida saber quién se quedó con Rovira o quién acompaña a Passalacqua. Lo que realmente puede cambiarle la vida es que alguien empiece, de una vez por todas, a resolver los problemas cotidianos que hace años siguen esperando una solución.

Los misioneros no necesitan saber quién ganó esta pelea política. Necesitan saber quién les va a solucionar los problemas.

Porque las internas entretienen a los dirigentes, pero no bajan la tarifa de la luz, no mejoran los hospitales, no arreglan las escuelas ni generan trabajo.

Y si después de más de veinte años la mayor novedad que pueden ofrecer es pelearse entre ellos, quizás el problema nunca fue la interna.

Quizás el problema fue no haber escuchado a la gente.

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