¿Y las ideas para el turismo cuándo llegan?

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Hace pocos días se realizó en la vecina ciudad de Foz do Iguaçu una importante feria de turismo. Allí escuché al ministro de Turismo de Misiones, José María Arrúa, y también al presidente del Ente Municipal de Turismo de Puerto Iguazú, Leopoldo Lucas, hablar sobre la participación exitosa de nuestra provincia y de nuestra ciudad en este encuentro internacional.

Y la verdad es que uno ya no sabe si alegrarse o preocuparse.

Porque de diagnósticos estamos cansados. De escuchar estadísticas, porcentajes de ocupación hotelera, cantidad de visitantes y números que muchas veces parecen más una expresión de deseos que una radiografía exacta de la realidad, también estamos cansados.

Lo que muchos esperamos es algo distinto. Esperamos propuestas. Esperamos ideas innovadoras. Esperamos proyectos que nazcan desde el Estado para que luego puedan ser desarrollados por el sector privado, generando empleo, inversiones y movimiento económico genuino.

Porque da la sensación de que nuestros funcionarios turísticos siempre llegan después. Siempre aparecen para acompañar, para sacarse la foto, para participar de la inauguración o para celebrar el esfuerzo ajeno. Pero rara vez los vemos liderando iniciativas transformadoras.

Y en esto de vivir prendidos del barrilete de los privados, uno ya no sabe si se trata de incapacidad de algunos funcionarios, de falta de conocimiento, de ausencia de visión estratégica o vaya a saber qué otras razones terminan promoviendo esta inacción permanente. Lo cierto es que las grandes iniciativas suelen surgir del sector privado, mientras el Estado aparece después para acompañar, respaldar o simplemente adjudicarse parte de un éxito que no ayudó a construir.

Hace algunos años tuve la oportunidad de plantearle una propuesta al entonces diputado provincial Hugo Passalacqua. Una idea que sigo creyendo que tiene un enorme potencial para Misiones.

La llamé «El Camino de las Aguas Grandes».

Un proyecto inspirado en el famoso Camino de Santiago de Compostela, pero adaptado a nuestra historia, nuestra geografía y nuestra identidad regional.

La propuesta consiste en desarrollar un circuito de peregrinación y senderismo que una la Triple Frontera con la Cruz de Santa Ana. Un recorrido extraordinario de aproximadamente 340 kilómetros en línea recta, aunque siguiendo caminos, senderos e ingresando a distintas localidades misioneras podría superar fácilmente los 450 kilómetros de extensión, convirtiéndose en una experiencia turística, cultural y espiritual de enorme atractivo.

Los caminantes podrían obtener al final una certificación oficial que acredite la distancia recorrida, generando un incentivo similar al que existe en los grandes caminos de peregrinación del mundo.

Leer más:

“El Camino de las Aguas Grandes”: una propuesta de integración cultural y derrame turístico desde Iguazú hasta Santa Ana

 

También podría existir un Camino Paraguayo y un Camino Brasileño, conectando regiones históricas y culturales con la Cruz de Santa Ana, conformando una propuesta trinacional única en América del Sur.

Misiones está preparada para hacerlo. Tenemos pueblos capaces de brindar alojamiento, gastronomía y servicios. Tenemos recursos naturales extraordinarios. Tenemos historia. Tenemos cultura. Tenemos conectividad.

Lo que falta es decisión política. El rol del Estado debería ser planificar, promover, coordinar y garantizar condiciones básicas para que estos proyectos puedan desarrollarse: seguridad, señalización, promoción internacional y articulación entre municipios y países vecinos.

Esta es apenas una idea. Seguramente existen muchas más. Pero lo importante es que aparezcan propuestas concretas.

Porque el turismo del futuro no se construye únicamente asistiendo a ferias, repartiendo folletos o difundiendo estadísticas de ocupación hotelera. Se construye imaginando nuevos productos turísticos, generando experiencias diferentes y creando motivos para que la gente quiera venir, quedarse más tiempo y regresar.

Misiones tiene todo para ser una potencia turística permanente. Lo que necesitamos es que quienes tienen responsabilidades públicas comiencen a generar ideas propias y dejen de limitarse a acompañar iniciativas ajenas.

Porque promocionar está bien. Difundir también. Pero gobernar implica algo más: tener visión, proponer, innovar y animarse a construir futuro.

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