Columna de opinión de Mario Antonowicz
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Siempre decimos que los políticos son malos. Que muchos se enriquecen de manera inexplicable. Que prometen y no cumplen. Y probablemente, en muchos casos, sea cierto. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿la culpa es solamente de los políticos o también nuestra como sociedad?
Lo llevo a un terreno local. Mucha gente se pregunta cómo puede ser que Puerto Iguazú no haya avanzado al ritmo de ciudades vecinas de Brasil o Paraguay y, sin embargo, siga teniendo prácticamente los mismos dirigentes desde hace años.
Y tal vez parte de la respuesta esté en cómo votamos.
Porque muchas veces, antes de una elección, aparecen los favores: un puesto, una licencia, un terreno, materiales para la casa o directamente dinero. Entonces el voto deja de ser una herramienta de control ciudadano y se transforma en una transacción.
Y después… ¿qué puede reclamar ese elector si su voto ya fue pagado de antemano?
Creo que tenemos que empezar a exigir algo distinto. No solamente escuchar promesas generales o slogans vacíos.
No alcanza con que un candidato diga: “voy a mejorar el tránsito”, “voy a ordenar la ciudad” o “voy a reducir los accidentes”.
La verdadera pregunta es: ¿cómo?
¿Cómo van a resolver el problema vial en una ciudad pequeña donde cada año hay accidentes y muertes?
¿Cómo van a implementar educación vial?
¿Cómo van a controlar?
¿Con qué presupuesto?
¿Con qué planificación?
Porque gobernar no es hacer diagnósticos. Diagnósticos los hace cualquiera. Gobernar es explicar con claridad qué se va a hacer y de qué manera.
Y ahí aparece nuestra verdadera responsabilidad como ciudadanos: dejar de elegir favores personales y empezar a elegir propuestas concretas, serias y posibles.


