Europa: más calma que alarma
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En estos días que llevo recorriendo Europa, me acompaña una sensación muy distinta a la que imaginaba antes de llegar. Pensé que el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán iba a mantener en vilo a toda la sociedad europea, que se respiraría tensión en cada esquina. Pero no es eso lo que estoy viendo.
Claro que hay preocupación. Se habla del aumento de los combustibles, de cómo eso puede impactar en el transporte, tanto terrestre como aéreo, e incluso de posibles faltantes.
Es una inquietud concreta, cotidiana, que se siente más en el bolsillo que en el ánimo colectivo.
Dicho en palabras simples: es un problema que muchos creen que se puede sobrellevar, incluso resolver, con algo más de recursos. Lo que no percibo es una sociedad en estado de alerta, preparándose para una gran amenaza externa o movilizada para defender sus ideales o su forma de vida.
Europa, con toda su diversidad, sigue funcionando con relativa normalidad. Sí, hay identidades que se mantienen firmes, pese a la globalización, pero no desde el miedo, sino desde la convivencia.
Y esto, lejos de minimizar lo que ocurre en el mundo, me deja una enseñanza clara: la realidad, muchas veces, es menos extrema que el relato que consumimos a diario. La gente común no está pensando en conflictos lejanos todo el tiempo; está pensando en vivir, en trabajar, en sostener su rutina.
Quizás ahí esté la clave. Más allá de los titulares, la mayoría de las personas sigue apostando por algo mucho más simple y, a la vez, mucho más valioso: vivir en paz y con tranquilidad.


